Hay discos que no solo se escuchan; se habitan. Capturan la esencia de una época completa y se convierten en la banda sonora de nuestros mejores años. Sin duda, Tourist History (2010), de Two Door Cinema Club, es uno de los referentes del género indie rock/pop. Alex Trimble, Sam Halliday y Kevin Baird regresaron a la capital mexicana en el marco de la gira por el 15.º aniversario de este álbum debut, que definió a toda una generación. Se presentaron en un Pepsi Center que, tras agotar su primera fecha del 15 de octubre, tuvo que abrir una segunda fecha el viernes 16 para albergar los recuerdos de una generación nostálgica que no quería quedarse fuera.

Two Door Cinema Club se presentó por primera vez en México en 2010, durante la primera edición del Corona Capital. La banda regresó a este mismo festival en 2023, y volvió a la capital mexicana este año. Verlos en vivo es un viaje en el tiempo: su música fue para muchos el soundtrack de su juventud. Encapsula perfectamente lo que se vive en esa etapa: la búsqueda de identidad, los miedos, las complejidades de las parejas y, en general, la transición hacia la adultez. Todo esto con sintetizadores vibrantes, bajos movedizos y la guitarra rítmica e inconfundible de Sam Halliday.
En medio de una noche marcada por la lluvia y el frío húmedo que azotó a la ciudad, el concierto se erigió como un santuario colectivo para desconectarse de la rutina y entregarse al baile. La antesala estuvo a cargo de la agrupación de indie electrónico y synth-pop STRFKR. A las 9:15 p. m., las luces del foro se apagaron y la pantalla del escenario se encendió con proyecciones analógicas de los primeros años de la banda norirlandesa, desatando la primera gran euforia de la noche. Cuando los tres músicos tomaron sus puestos, el recinto se convirtió en un epicentro de pura adrenalina.

Bastaron los primeros acordes de Cigarettes in the Theatre para que el foro explotara: un vaso de cerveza voló por los aires, las luces estallaron y la irrealidad de tenerlos enfrente golpeó el pecho de los asistentes en un mar de saltos, gritos y palmas que latían al unísono.
La pantalla, que simulaba el fondo de una sala y una cartelera de cine, dio paso a I Can Talk. El lugar ya era una locura desatada. El frío húmedo de la capital quedó olvidado afuera; adentro, el baile colectivo transformó el ambiente en puro calor y energía. La ráfaga de himnos generacionales continuó imparable: Come Back Home provocó un coro ensordecedor, mientras que, con This Is the Life, el ambiente mutó hacia algo verdaderamente místico, una comunión colectiva impulsada por esas guitarras cristalinas y rítmicas que te obligan a mover los pies, aunque no quieras. El viaje al pasado continuó con joyas como: Costume Party y Do You Want It All?, cobijadas por un público desbordado. Entre la multitud, rostros desconocidos —como el de Fernando, un chico a mi lado a quien conocí a comienzos del concierto— se volvieron compañeros de baile.

Aprovechando esa atmósfera tan íntima, Kevin Baird se tomó un respiro para hablar con los asistentes. Con un esfuerzo en español que el público agradeció con gritos, el bajista reflexionó sobre lo especial y nostálgico que resulta interpretar estas canciones. Casi de inmediato, soltaron Something Good Can Work, el sencillo que lo inició todo: los posicionó en la escena internacional y asentó las bases de su sonido bailable, con unas guitarras más brillantes y digeribles para una audiencia que pedía frescura en la música. La sala entera se vino abajo con miles de personas saltando en una sincronía perfecta, y un par de cervezas volvieron a volar.
La banda reactivó la máquina de hits con Sleep Alone, Next Year, Changing of the Seasons, Lavender y Someday, canciones que el público cantó con los ojos cerrados y los puños en alto. Con Wonderful Life, la multitud cantó de manera emotiva, dejando la garganta en cada verso, para luego continuar con: Kids, Are We Ready? (Wreck) y Sun. El sudor empapaba a todos por igual.

El clímax de la noche llegó cuando retomaron Undercover Martyn en el bloque final y, por supuesto, el himno absoluto que cerró la velada: What You Know, que se cantó a todo pulmón. Entre saltos y bailes, el cierre se disfrutó con una intensidad que se quedará grabada para siempre en la memoria de los asistentes.
El concierto llegó a su fin, pero las miradas de los espectadores reflejaban que se había dejado todo en la pista. Entre aplausos y gritos, los músicos levantaron con orgullo una bandera mexicana que descansaba sobre el piano antes de retirarse. Two Door Cinema Club demostró que Tourist History sigue siendo el refugio perfecto para los jóvenes que fuimos y los adultos nostálgicos que somos hoy.
Crónica: Andrea Carolina
Fotos: César Vicuña / Ocesa

