El músico británico Alan Parsons se presentó el 16 de octubre de 2026 en el Velódromo Olímpico de la Ciudad de México, desafiando la lluvia y el frío que marcaron el inicio de la velada.

La noche del viernes no comenzó de una manera sencilla. Un viento otoñal y un aguacero previo amenazaron con enfriar los ánimos de las miles de almas de muchas generaciones que nos congregamos para presenciar el esperado reencuentro con una leyenda viva del rock progresivo.

No era un concierto cualquiera; celebrábamos el 50 aniversario de The Alan Parsons Live Project. Más de 6,000 asistentes llegaron cargados de nostalgia y alivio, especialmente después de los contratiempos de salud que habían obligado a reprogramar la gira. Pero esta vez nada lo detuvo, aludiendo a la famosa frase «el show debe continuar», muy significativa por su relación con el nombre de la gira, The Show Must Go On.

A las 21:30 horas, cuando los músicos tomaron sus posiciones, la lluvia cesó, como si hubiera sido parte de un acuerdo ya pactado. En ese instante, el Velódromo dejó de ser un recinto deportivo al aire libre para transformarse en un auditorio místico, envuelto en una acústica sorprendentemente cálida.

Parsons, de 77 años y ganador del Grammy, apareció en el escenario junto con su banda para abrir la noche con Standing on Higher Ground. Tras saludar a una audiencia que aún trataba de entrar en calor, resonó Don’t Answer Me. «Buenas noches, muchas gracias, thank you», expresó el legendario intérprete.

La velada arrancó con energía entre el juego lumínico y los visuales en las pantallas. Time hizo suspirar a más de uno. El repertorio siguió su curso con arreglos sofisticados que inundaron cada rincón del Velódromo. Los aplausos surgían espontáneos y el ambiente se tornó de plácido disfrute, hipnotizado por ese sonido tan característico. Incluso los acordes de Cielito lindo aparecieron en algún momento, integrándose con singular armonía.

El lugar se llenó de emociones; recuerdos que emergían, familias completas unidas por un mismo sentimiento y por el amor a la música de Parsons.

Durante su interacción con el público, Parsons destacó la celebración del 50 aniversario del proyecto, anunciando que presentaría temas del primer disco de la banda. Con un escenario que proyectaba un cielo nublado, el repertorio incluyó clásicos como I Wouldn’t Want to Be Like You, The Cask of Amontillado y Dr. Tarr and Prof. Fether, provocando ovaciones y un ánimo creciente entre los asistentes.

Alan Parsons estuvo acompañado por músicos como P.J. Olsson (vocalista principal), Jeff Kollman (guitarra), Dan Tracey (guitarra), Guy Erez (bajo), Danny Thompson (batería), Tom Brooks (teclados) y Todd Cooper (saxofón y voz).

La noche fue profundamente nostálgica. Cada tema abrazó corazones y despertó recuerdos de quienes han seguido la prolífica trayectoria del músico. En las gradas, algunos incluso bailaban, dejándose llevar por la magia sonora que emergía del escenario.

Cuando resonó la inmortal Eye in the Sky, el recinto entero se convirtió en un coro unánime. Tras Games People Play, la ovación para Parsons celebró con fuerza sus 50 años de historia musical. Al finalizar, los músicos se dirigieron al centro del escenario para la foto de despedida, haciendo una reverencia hacia su público. Fue un momento verdaderamente mágico.

Podemos decir que Alan no solo nos regaló una noche de música, sino una noche para el recuerdo, una que todos guardaremos para siempre en nuestros corazones.

Crónica: María Teresa Castilla

Fotografías: Lukas Isaac